martes, 14 de febrero de 2017

¿Lo habéis entendido?

Decía algún sabio que si haces las cosas siempre del mismo modo no debes esperar obtener resultados diferentes.
Bueno, esto no es así en todos los casos. Conozco un hombre que después de jugar los mismos números de la loto durante varios años un día le tocó un montón de dinero. Como para ir al cine y comprar palomitas, vamos.
Pero en otros ámbitos de la vida la afirmación es tan cierta como ignorada. Somos reacios al cambio, nos cuesta alterar nuestras costumbres y, especialmente, nos cuesta pensar.
Porque cambiar implica usar el cerebro para adaptarnos a las nuevas condiciones, significa salir de nuestra zona de comfort y abandonar ese modo automático que nos permite realizar tareas sin esfuerzo.
Cambiar es encontrar nuevas rutas para llegar al mismo sitio, o quizá un poco más allá, obteniendo más rendimiento del camino, aportando más a la vida, inventando algo que aún no sabíamos aunque quizá otros sí.
Cambiar es no estar satisfecho con lo presente, es decirnos a nosotros mismos que podemos hacerlo mejor. Es arriesgarse, es mejorar.
Claro que no es fácil dejar atrás tantos y tantos años haciendo lo mismo igual...
pero quizá haya que explicar las cosas de otro modo.


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