¿Resulta difícil hablar en público sin aburrir?
No parece difícil teniendo en cuenta las largas conferencias al teléfono que ... mejor lo dejo aquí.
Personalmente soy de los que lo pasan mal en conferencias y clases magistrales, en especial a determinadas horas del día, cuando el conferenciante se limita a hablar tranquilamente sin cambios notorios de entonación ni actividades o elementos de distracción.
No obstante, recuerdo una charla impartida por un personaje de habla inglesa, en una época en que aún entendía menos aquel idioma que hoy día, que consiguió mantenerme enganchado durante toda su exposición. Es cierto que el tema me interesaba, aunque no más que en otras ocasiones con menor éxito en mis esfuerzos por no cerrar los ojos, pero el fulano empezó su exposición arrojando un disco duro contra la puerta de la sala y claro, despejó la modorra hasta al ujier.
A lo largo de su presentación el tipo se dedicó a lanzar al aire discos, llaves USB y cualquier cosa que le cayera en mano, con el regocijo de todos los presentes.
Hace muchos años de esto pero aún recuerdo que salí de la charla encantado, que comprendí los puntos fundamentales de la exposición gracias a su lenguaje gestual y que, lejos de dormirme, hubiera vuelto a empezar la conferencia recién terminada.
Como pasa con los monologuistas actualmente, hay que saber y hay que valer. No todos podemos cantar ópera, jugar al tenis o ser buenos en ajedrez, pero cuando no dominas una actividad hay que ser consciente de ello y buscar técnicas que nos ayuden a salir airosos de la situación.
Personalmente me hace polvo cuando veo a alguien dormir mientras hablo. Reconocer los errores propios es el primer paso para mejorar.
http://vmashup.com/x8bWplHD#.WKNynvwLbZA.twitter
No parece difícil teniendo en cuenta las largas conferencias al teléfono que ... mejor lo dejo aquí.
Personalmente soy de los que lo pasan mal en conferencias y clases magistrales, en especial a determinadas horas del día, cuando el conferenciante se limita a hablar tranquilamente sin cambios notorios de entonación ni actividades o elementos de distracción.
No obstante, recuerdo una charla impartida por un personaje de habla inglesa, en una época en que aún entendía menos aquel idioma que hoy día, que consiguió mantenerme enganchado durante toda su exposición. Es cierto que el tema me interesaba, aunque no más que en otras ocasiones con menor éxito en mis esfuerzos por no cerrar los ojos, pero el fulano empezó su exposición arrojando un disco duro contra la puerta de la sala y claro, despejó la modorra hasta al ujier.
A lo largo de su presentación el tipo se dedicó a lanzar al aire discos, llaves USB y cualquier cosa que le cayera en mano, con el regocijo de todos los presentes.
Hace muchos años de esto pero aún recuerdo que salí de la charla encantado, que comprendí los puntos fundamentales de la exposición gracias a su lenguaje gestual y que, lejos de dormirme, hubiera vuelto a empezar la conferencia recién terminada.
Como pasa con los monologuistas actualmente, hay que saber y hay que valer. No todos podemos cantar ópera, jugar al tenis o ser buenos en ajedrez, pero cuando no dominas una actividad hay que ser consciente de ello y buscar técnicas que nos ayuden a salir airosos de la situación.
Personalmente me hace polvo cuando veo a alguien dormir mientras hablo. Reconocer los errores propios es el primer paso para mejorar.
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